Luly Arias es actriz, activista, educadora y enfermera, oriunda de San José, Catamarca, Argentina. Comenzó su transición de género durante la adolescencia y, a los 16 años, fue expulsada de su hogar familiar. Posteriormente estudió Pedagogía y Educación Social, carrera que terminó en 2009, antes de trasladarse a Buenos Aires, donde continuó su formación en Enfermería. Su trayectoria profesional y artística se desarrolló en paralelo con su activismo. Se incorporó a la Cooperativa Arte Trans, un colectivo teatral pionero creado para brindar oportunidades artísticas a personas trans y travestis, y participó en obras como Made in Lanús. También fue una de las protagonistas del documental Reina de Corazones, dirigido por Guillermo Bergandi. La educación ha ocupado un lugar central en el trabajo de Arias. Fue docente en el Bachillerato Popular Travesti Trans Mocha Celis, donde trabajó con estudiantes trans y travestis, y posteriormente se desempeñó en el área de Diversidad del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, donde, entre otras tareas, participó en la capacitación de profesionales de la salud en atención inclusiva.
Luly también ha participado en proyectos como Unides por la Música, que reúne a artistas trans, travestis y no binaries de Argentina y Uruguay, y ha escrito extensamente sobre representación trans, empleo, vivienda, salud, inclusión cultural y memoria histórica. Su trabajo combina la práctica artística con el activismo, con especial atención a las oportunidades que tienen las personas trans más allá de los estereotipos que tradicionalmente se les han impuesto. Desde un pequeño pueblo de Catamarca hasta el teatro, la televisión, la salud pública y el activismo en Buenos Aires, la trayectoria de Luly Arias ha atravesado muchos de los espacios de los que históricamente las personas trans fueron excluidas, mientras continúa trabajando para hacerlos más accesibles para quienes vienen detrás.
Monika: Luly, ¡bienvenida a The Heroines of My Life! Has pasado de Catamarca a Buenos Aires, de la enfermería y la educación al teatro, la televisión y el activismo. A estas alturas, ¿tu currículum todavía entra en una sola página o ya te has rendido en el intento?
Luly: La verdad es que hice muchas cosas a lo largo de mi vida. El año que viene voy a cumplir 40 años y no puedo creer la cantidad de actividades, tareas y roles que fui desarrollando. Pero creo que soy así: dinámica, camaleónica, siempre con ganas de hacer cosas diferentes y de asumir nuevos desafíos.
Por ejemplo, este año entré a trabajar en el Poder Judicial, más precisamente en el Consejo de la Magistratura, y estoy emprendiendo un desafío junto con otras compañeras del centro de Justicia de la Mujer y con el área en la que trabajo: la elaboración de un libro en lenguaje claro que sirva como guía para que las personas trans, cuando ingresen a trabajar o transiten por distintos espacios, puedan ser recibidas y tratadas con respeto e inclusión.
Al mismo tiempo, estoy haciendo teatro junto con unas compañeras de la Cooperativa Empoderamiento Travesti Trans. Estamos trabajando en una obra escrita, dirigida y actuada por personas trans, y eso me tiene muy feliz.
Por ejemplo, este año entré a trabajar en el Poder Judicial, más precisamente en el Consejo de la Magistratura, y estoy emprendiendo un desafío junto con otras compañeras del centro de Justicia de la Mujer y con el área en la que trabajo: la elaboración de un libro en lenguaje claro que sirva como guía para que las personas trans, cuando ingresen a trabajar o transiten por distintos espacios, puedan ser recibidas y tratadas con respeto e inclusión.
Al mismo tiempo, estoy haciendo teatro junto con unas compañeras de la Cooperativa Empoderamiento Travesti Trans. Estamos trabajando en una obra escrita, dirigida y actuada por personas trans, y eso me tiene muy feliz.
Monika: ¿Crees que siempre vas a ser así?
Luly: Creo que siempre voy a ser así, porque también tengo como referencia a mi madre. Ella tiene 60 años y sigue activa, haciendo miles de cosas, aprendiendo y emprendiendo nuevos proyectos. Entonces pienso que todavía me queda muchísimo camino por recorrer, muchos desafíos por asumir y muchas cosas por hacer.
Monika: Comenzaste tu transición durante la adolescencia, en una época en la que Argentina era muy diferente al país que conocemos hoy. ¿Qué recuerdas con mayor claridad de aquellos años, cuando empezabas a descubrir y comprender tu identidad?
Luly: Cuando empecé mi transición, no tenía muchos referentes ni compañeras trans cerca. Yo vivía en un pueblito muy pequeño, de alrededor de 8.000 habitantes, y hasta el día de hoy sigo siendo la única mujer trans del pueblo.
Había una ciudad cercana, aunque también era bastante pequeña, donde había algunas compañeras trans, pero tampoco eran muchas y, en ese momento, yo no tenía demasiado contacto con ellas. Entonces, no tenía muchas referencias sobre cómo iniciar mi transición o cómo transitar ese camino.
Mis principales referentes eran mujeres de mi entorno, especialmente mi mamá. Ella fue quien me empezó a acompañar en mis primeros pasos: me daba mis primeros esmaltes y maquillajes, me prestaba su ropa y me acompañaba en ese proceso.
Si tenía referencias trans en la tele, siempre tuve muy claro algo: quién quería ser y que quería vivir mi vida siendo mujer. Hoy ya formé mi identidad como mujer trans.
Había una ciudad cercana, aunque también era bastante pequeña, donde había algunas compañeras trans, pero tampoco eran muchas y, en ese momento, yo no tenía demasiado contacto con ellas. Entonces, no tenía muchas referencias sobre cómo iniciar mi transición o cómo transitar ese camino.
Mis principales referentes eran mujeres de mi entorno, especialmente mi mamá. Ella fue quien me empezó a acompañar en mis primeros pasos: me daba mis primeros esmaltes y maquillajes, me prestaba su ropa y me acompañaba en ese proceso.
Si tenía referencias trans en la tele, siempre tuve muy claro algo: quién quería ser y que quería vivir mi vida siendo mujer. Hoy ya formé mi identidad como mujer trans.
Monika: Cuando saliste del clóset, ¿tu madre te recibió como su hija? ¿Y sientes alguna conexión con ella en la forma en que te ves, te comportas o incluso en tu estilo y tus gestos?
Luly: Somos totalmente iguales, y ella dice que soy igual a su madre, o sea, a mi abuela.
Cuando salí del clóset, mi padre me soltó la mano y me echó de casa, pero mi madre, a la distancia, me acompañaba, me aconsejaba que no dejara de estudiar, me daba viandas de comida a escondidas; en fin, ella siempre me apoyó una vez que salí del clóset.
Cuando salí del clóset, mi padre me soltó la mano y me echó de casa, pero mi madre, a la distancia, me acompañaba, me aconsejaba que no dejara de estudiar, me daba viandas de comida a escondidas; en fin, ella siempre me apoyó una vez que salí del clóset.
Monika: Dejaste tu hogar a los dieciséis años, una edad en la que la mayoría de los adolescentes todavía depende mucho de su familia. ¿Cómo fueron esos primeros meses por tu cuenta y qué cosas tuviste que aprender rápidamente?
Luly: Esos meses fueron muy difíciles. Ahí conocí lo que significa pasar hambre, y no se lo deseo a nadie. Fue una época muy oscura de mi vida, pero también dejó en mí aprendizajes que llevo hasta el día de hoy. Aprendí a valorar y respetar mi cuerpo, a comprender la diversidad corporal y, sobre todo, a valorar cada alimento y cada nutriente que consumo.
Al mismo tiempo, esa etapa me enseñó a trabajar y a ser independiente. Hacía distintos trabajos para poder subsistir: vendía productos de catálogo, preparaba empanadas y comidas para vender, hasta que finalmente trabajé como niñera cuidando a un niño autista, al que acompañé durante tres años.
Fueron años de mucho esfuerzo y de buscar diferentes maneras de salir adelante. No fue fácil, pero cada trabajo y cada experiencia me fueron dando herramientas para construir mi independencia.
Al mismo tiempo, esa etapa me enseñó a trabajar y a ser independiente. Hacía distintos trabajos para poder subsistir: vendía productos de catálogo, preparaba empanadas y comidas para vender, hasta que finalmente trabajé como niñera cuidando a un niño autista, al que acompañé durante tres años.
Fueron años de mucho esfuerzo y de buscar diferentes maneras de salir adelante. No fue fácil, pero cada trabajo y cada experiencia me fueron dando herramientas para construir mi independencia.
Monika: Estabas estudiando Pedagogía y Educación Social mientras atravesabas circunstancias que fácilmente podrían haber interrumpido tus estudios. ¿Qué te impulsó a seguir adelante cuando continuar estudiando debió de ser tan difícil?
Luly: Sí, como te decía, la verdad es que no fue fácil. Había días en los que tenía que elegir entre pagar el boleto del colectivo, comprar las fotocopias, los apuntes o los libros, o comer. Y entonces iba buscando distintas formas de resolverlo. Por ejemplo, a veces iba a la casa de una compañera, leía sus libros, tomaba apuntes, los resumía y los transcribía. De esa manera podía acceder al material sin tener que comprarlo. Fueron estrategias que fui encontrando para poder seguir estudiando.
Pero, como te decía, el apoyo de mi mamá, aun a la distancia, fue fundamental. Para mí fue mi cable a tierra y mi sostén. Por eso hago mucho hincapié en la importancia de la familia y en lo importante que es sentirse acompañado.
Lamento muchísimo que muchas compañeras no hayan tenido, o no tengan, ese acompañamiento familiar, porque siento que es algo muy importante. Por suerte, muchas van tejiendo redes, construyendo vínculos y creando sus propias familias de corazón, y eso también se convierte en un gran impulso para seguir adelante.
Pero, como te decía, el apoyo de mi mamá, aun a la distancia, fue fundamental. Para mí fue mi cable a tierra y mi sostén. Por eso hago mucho hincapié en la importancia de la familia y en lo importante que es sentirse acompañado.
Lamento muchísimo que muchas compañeras no hayan tenido, o no tengan, ese acompañamiento familiar, porque siento que es algo muy importante. Por suerte, muchas van tejiendo redes, construyendo vínculos y creando sus propias familias de corazón, y eso también se convierte en un gran impulso para seguir adelante.
Monika: ¿Recuerdas la primera vez que conociste personalmente a una mujer trans? ¿Cómo fue aquella experiencia y qué sentiste?
Luly: La verdad es que me dejás helada con cada pregunta que me hacés, porque me remontan a mi adolescencia, a esos momentos en los que todavía no existía la Ley de Identidad de Género y yo tenía que salir adelante igual, con mis taquitos, caminando hacia adelante y atravesando muchas veces la vergüenza y el miedo. Pero tenía que seguir.
Hoy reconozco que me hace muy feliz el reconocimiento de mis padres y, especialmente, el de mis compañeras trans. Ese es el reconocimiento que más me importa, porque es como mirarse en un espejo: una se ve reflejada en la otra. Y siento que, de alguna manera, tengo una obligación moral de acompañar y ayudar a aquellas compañeras a quienes las cosas se les hacen más difíciles. No quiero que tengan que atravesar lo mismo que atravesé yo. Si puedo hacer algo para que sus caminos sean un poco más fáciles, siento que vale la pena hacerlo.
Hoy reconozco que me hace muy feliz el reconocimiento de mis padres y, especialmente, el de mis compañeras trans. Ese es el reconocimiento que más me importa, porque es como mirarse en un espejo: una se ve reflejada en la otra. Y siento que, de alguna manera, tengo una obligación moral de acompañar y ayudar a aquellas compañeras a quienes las cosas se les hacen más difíciles. No quiero que tengan que atravesar lo mismo que atravesé yo. Si puedo hacer algo para que sus caminos sean un poco más fáciles, siento que vale la pena hacerlo.
Monika: En 2009 te mudaste de Catamarca a Buenos Aires con una formación profesional y con la expectativa de que eso te ayudaría a encontrar trabajo. Sin embargo, te encontraste con la discriminación y finalmente te viste empujada hacia la prostitución. Mirando atrás, ¿qué crees que la sociedad no supo entender de ti en aquel momento?
Luly: Era una sociedad muy discriminadora, con mucha discriminación laboral, sin ley de identidad, sin ley de cupo laboral travesti trans. Hoy en día es difícil, a pesar de estas leyes, conseguir trabajo.
Monika: Has hablado del Hotel Gondolín, un lugar que se ha convertido casi en una leyenda de la historia trans argentina. ¿Qué significó Gondolín para ti cuando llegaste por primera vez a Buenos Aires?
Luly: Te cuento que el Hotel Gondolín, en aquel entonces, si bien me abrió las puertas y me permitió tener un lugar donde vivir, no era fácil convivir. Todas las que vivíamos allí nos dedicábamos a la prostitución y había mucha competencia entre nosotras. No existía lo que hoy conocemos como sororidad o hermandad, sino que, en muchos sentidos, éramos competencia. Por eso, habitar el Gondolín en ese momento no era sencillo.
Estuve poco tiempo, justamente porque la convivencia era muy difícil. Pero con el paso de los años pude volver, y hoy encuentro un Gondolín completamente distinto.
Hoy es un Gondolín que realmente abraza. Cambió muchísimo la convivencia entre nosotras y siento que, finalmente, me pude reencontrar con ese espacio desde otro lugar. Hoy me siento parte del Hotel Gondolín.
Allí creamos y tenemos nuestra cooperativa, Empoderamiento Travesti Trans, junto con otras compañeras. Desde ese espacio trabajamos, confeccionamos prendas textiles, hacemos obras de teatro y, sobre todo, construimos comunidad.
Es también un lugar de encuentro: compartimos una merienda, una cena, charlamos, nos contamos nuestras cosas y nos vinculamos desde otro lugar, con mucha amorosidad y respeto.
Estuve poco tiempo, justamente porque la convivencia era muy difícil. Pero con el paso de los años pude volver, y hoy encuentro un Gondolín completamente distinto.
Hoy es un Gondolín que realmente abraza. Cambió muchísimo la convivencia entre nosotras y siento que, finalmente, me pude reencontrar con ese espacio desde otro lugar. Hoy me siento parte del Hotel Gondolín.
Allí creamos y tenemos nuestra cooperativa, Empoderamiento Travesti Trans, junto con otras compañeras. Desde ese espacio trabajamos, confeccionamos prendas textiles, hacemos obras de teatro y, sobre todo, construimos comunidad.
Es también un lugar de encuentro: compartimos una merienda, una cena, charlamos, nos contamos nuestras cosas y nos vinculamos desde otro lugar, con mucha amorosidad y respeto.
Monika: ¿Cómo descubriste el teatro? ¿Ser actriz era algo con lo que habías soñado antes de Arte Trans o fue el teatro el que te descubrió a ti?
Luly: Desde chiquita, como buena "mariquita", como se decía en aquella época, siempre me gustaron las telenovelas. De pequeña veía las novelas de Thalía, como María Mercedes, Marimar y María la del Barrio, y soñaba con poder hacer algún día esas escenas, interpretar esos personajes y estar arriba de un escenario.
Con el tiempo, ese sueño de alguna manera se hizo realidad. Cuando estudiaba Enfermería, caminaba desde mi casa hasta la universidad y, en el camino, pasaba por un local donde funcionaba una cooperativa de teatro. Un día entré, conocí a las chicas y me contaron sobre la propuesta. Así llegué a la Cooperativa Arte Trans y comencé a hacer teatro con mis compañeras. Y la verdad es que fue hermoso descubrir que algo que me había gustado desde niña podía convertirse en una experiencia concreta en mi vida.
Con el tiempo, ese sueño de alguna manera se hizo realidad. Cuando estudiaba Enfermería, caminaba desde mi casa hasta la universidad y, en el camino, pasaba por un local donde funcionaba una cooperativa de teatro. Un día entré, conocí a las chicas y me contaron sobre la propuesta. Así llegué a la Cooperativa Arte Trans y comencé a hacer teatro con mis compañeras. Y la verdad es que fue hermoso descubrir que algo que me había gustado desde niña podía convertirse en una experiencia concreta en mi vida.
Monika: La Cooperativa Arte Trans ofrecía a las personas trans y travestis algo que en aquella época todavía era extraordinariamente poco común: la posibilidad de ser artistas, en lugar de ser representadas únicamente como víctimas o estereotipos. ¿Qué recuerdas de los primeros tiempos de la cooperativa?
Luly: Lo primero que recuerdo es a Guillermo Bergandi, el director que propuso realizar el documental Reina de Corazones, un documental trans. Lo que más rescato de ese proyecto es que buscó mostrar nuestras historias desde una mirada que no fuera de victimización, ni lacrimógena, ni de lástima.
La propuesta era mostrar a las compañeras travestis y trans desde otra perspectiva: ocupando distintos espacios, trabajando en diferentes ámbitos, desarrollando sus capacidades y construyendo sus propias vidas.
De alguna manera, el documental logró correrse del discurso que históricamente nos reducía a la prostitución, la marginalidad y otras situaciones de vulnerabilidad. Nos mostró desde un lugar diferente, más humano, cotidiano y real.
La propuesta era mostrar a las compañeras travestis y trans desde otra perspectiva: ocupando distintos espacios, trabajando en diferentes ámbitos, desarrollando sus capacidades y construyendo sus propias vidas.
De alguna manera, el documental logró correrse del discurso que históricamente nos reducía a la prostitución, la marginalidad y otras situaciones de vulnerabilidad. Nos mostró desde un lugar diferente, más humano, cotidiano y real.
FIN DE LA PARTE 1
Todas las fotos: cortesía de Luly Arias.
© 2026 - Monika Kowalska
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