Entrevista con Sofía Diéguez - Parte 1

 
Sofía Diéguez es una actriz, cantante, intérprete, dramaturga y trabajadora cultural argentina. Nació el 8 de diciembre de 1986 en Buenos Aires y creció en Lanús. Comenzó a estudiar actuación a los trece años y posteriormente se formó en teatro, teatro musical, ballet y canto, incluyendo estudios en el Teatro Colón, además de formación actoral con Alicia Zanca, Ana María Campoy, Pepe Cibrián y Julieta Vallina. A los dieciséis años fue seleccionada por Pepe Cibrián para participar en El fantasma de Canterville, obra en la que actuó durante las temporadas 2003 y 2004. Más tarde continuó su formación teatral y realizó giras por América Latina con producciones de teatro infantil. A los veinticinco años comenzó su transición de género y se alejó temporalmente de la actuación, para regresar después con un papel en Un gallo para Esculapio.
 
Sofía participó luego en El Marginal, donde interpretó a La Luli, y en la telenovela de Telefe Pequeña Victoria, donde interpretó a Violeta. Entre sus trabajos teatrales se encuentra Crianzas, el musical, basado en la obra de Susy Shock, por el que recibió el Premio ATINA 2021 a Mejor Intérprete Femenina. Escribió y protagonizó Magenta, una sirena más allá del mar, un musical infantil inspirado en la figura de la sirena y centrado en la identidad y la libertad, y desarrolló Teoría de la Sirena, un biodrama musical autobiográfico. En 2023 debutó en el cine con Unicornio, dirigida por Natural Arpajou, y en 2025 participó en El suelo que sostiene a Hande, inspirada en la vida de la activista trans turca Hande Kader. Paralelamente, es cantante y compositora bajo la identidad artística de La Sirena. Como ella misma resume su propia teoría: “las sirenas existen, somos nosotras.”
 
Monika: Sofía, ¡bienvenida a The Heroines of My Life! Antes de hablar de teatro, música, sirenas y todo lo demás, resolvamos una cuestión muy importante: después de interpretar tantos personajes diferentes, ¿alguna vez llegas a casa y piensas: «Bueno, ¿quién se supone que debo ser hoy?»
Sofía: No, la verdad es que nunca me lo he planteado de esa manera.
Monika: Comenzaste a estudiar actuación cuando solo tenías trece años. ¿Qué fue lo que te atrajo tanto de la interpretación a esa edad, y qué te daba la actuación que quizás no podías encontrar en otro lugar?
Sofía: La verdad es que es algo innato en mí. Desde pequeña amaba participar en actuaciones en la escuela, hacía shows musicales para mi familia jugando a ser las Spice Girls. La realidad era que yo quería eso, ser una Spice Girl, quería cantar. Entonces mi tía Laura me dijo que podía anotarme en el conservatorio de canto del municipio de Lanús, que es donde vivía de chica, pero la verdad es que para entrar al conservatorio tomaban examen y mi voz en aquel momento no estaba preparada para eso. Así que me anotó directamente en un taller de teatro, me dijo que fuera y lo intentara, y así fue el comienzo de todo.
Monika: A los dieciséis años entraste en el teatro profesional cuando Pepe Cibrián te eligió para El fantasma de Canterville. ¿Qué recuerdas con más claridad de aquella época y de encontrarte de repente formando parte de una producción profesional?
Sofía: Yo venía de hacer talleres de comedia musical, donde me enamoré del trabajo de Pepe Cibrián. Para que entiendan los de otros países, es como nuestro Andrew Lloyd Webber. La verdad es que a los dieciséis años tenía mucho que aprender, así que fui invitada a participar, pero como figurante, que es una participación muy pequeñita, el equivalente a ser un extra en el cine. Pero realmente era muy feliz y aprendí muchísimo. Para mí era un sueño estar en ese escenario y que Pepe fuera mi maestro; marcó mi vida.
 
“Que Pepe fuera mi maestro marcó mi vida.”
 
Monika: La Sirenita ha sido una referencia importante a lo largo de tu vida. ¿Recuerdas la primera vez que viste a Ariel y qué fue exactamente lo que te llegó de su historia?
Sofía: Recuerdo perfectamente estar de vacaciones en Mar del Plata, que es una ciudad costera de Buenos Aires. Fuimos al videoclub a alquilar películas para ver, y vi en un rincón de un estante un videocasete rojo con una chica de cabello rojo y cola de pez verde que me impactó; no sabía qué era eso. Mi prima me dijo: “Es La Sirenita”. La alquilamos, y el próximo recuerdo que me viene a la mente es estar a la mañana temprano, mientras todos dormían, viéndola sola por segunda vez, con mis tres años, hipnotizada. Había algo en lo que a ella le sucedía, en sentirse parte de otro mundo, que, aunque yo era muy pequeña, también resonaba en mí.
Monika: ¿En qué momento te diste cuenta de que tu fascinación infantil por las sirenas podía tener algo que ver con tu propia identidad de género?
Sofía: De grande entendí que mi fascinación venía del paralelismo entre la historia de La Sirenita y la de las mujeres trans. La Sirenita, en su camino a convertirse en mujer, pierde su hogar, su familia, su voz; su cuerpo sufre cambios, y según el cuento de Andersen, la bruja le dice que con cada paso sentirá que camina sobre clavos y cuchillos. Con nosotras pasa lo mismo: muchas pierden su hogar, su familia, y en muchos casos se pierde la voz socialmente, hoy menos que antes, aunque hay países que todavía nos condenan. Y con las operaciones mal hechas, muchas veces aquí, al menos en América Latina, las chicas con bajos recursos se han puesto en el cuerpo cualquier sustancia, como aceite industrial, con tal de lograr ese cuerpo femenino, y al igual que a La Sirenita, ese cambio les trae grandes dolores físicos.
Y en relación con el mito marino, somos la hipersexualización de la feminidad, lo prohibido; los hombres no pueden superar lo que les pasa con nosotras, y al igual que en los mitos griegos, salen a cazarnos como monstruos. A todo esto lo llamo “la teoría de la sirena”. Por eso digo que las sirenas existen: somos nosotras.
Monika: Elegir un nombre es una decisión muy personal, que puede tener muchos significados. ¿Cómo llegaste a elegir el nombre Sofía? ¿Tiene para ti un significado especial, quizás relacionado con tu recorrido o con algún sentimiento o aspiración?
Sofía: Quería un nombre simple y femenino, pero con fuerza, y una amiga me lo sugirió. Me pareció hermoso, además su significado es sabiduría.
Monika: Comenzaste tu transición a los veinticinco años, después de haberte establecido ya como actriz. ¿Qué fue lo más difícil de alejarte de la profesión en ese momento de tu vida?
Sofía: La verdad es que en ese momento lo que más me importaba era mi transición, verme como quería, poder terminarla. Todo lo demás pasó a un segundo plano en mi vida. Después, cuando creces, entendés que una vive transicionando constantemente.
 
“Las sirenas existen: somos nosotras.”
 
Monika: Cuando saliste del armario, ¿tu madre te recibió como a su hija? ¿Y sientes alguna conexión con ella en la forma en que te ves, en cómo te comportas, o incluso en tu estilo y tus gestos?
Sofía: Fui muy afortunada de estar acompañada por mi familia, aunque, por supuesto, para mi mamá no fue nada sencillo: ella tuvo que despedirse de un hijo y adoptar a una hija. La verdad es que cuando le dije “bueno, a partir de mañana empiezo a vivir como Sofía las 24 horas”, estuvimos sin vernos un mes, aunque hablábamos por teléfono. Luego de ese mes nos vimos, nos abrazamos, lloramos, nos reímos, y empezó un camino de aceptación que nos llevó a tener una gran relación simbiótica y un amor único. Desde entonces veo muchas cosas de ella en mí siempre; por ejemplo, nuestras manos son iguales, nuestra mirada, y heredé mucho de su nobleza, aunque la de ella es inconmensurable.
Monika: Has hablado de lo comprensivo que fue tu padre contigo desde la infancia. ¿Qué significó para ti su apoyo, especialmente cuando comenzaste tu transición?
Sofía: Mi papá siempre me acompañó. A los dieciséis le dije, entre lágrimas, que me gustaban los varones, y él me abrazó y me dijo que me preocupara por ser feliz, que cuando lo necesitara papá iba a estar ahí para cuidarme. Y cuando comencé mi transición, él fue el primero en verme, y siempre me decía: “Qué linda estás, hija, lindo lo que te pusiste”. Estaba orgulloso de mí.
Monika: Tu padre murió cuando tenías treinta años. ¿Perderlo cambió la manera en que entendías tu propia transición o el apoyo que él te había dado?
Sofía: Lo extraño con locura. No, no cambió, porque yo soy la que soy gracias a él y a mi mamá; soy la construcción de sus enseñanzas, ideales e ilusiones. Él no llegó a verme en televisión ni en cine. Hubiera estado tan orgulloso, diciendo por todos lados: “¡Ella es mi hija!”
Monika: ¿Recuerdas la primera vez que conociste en persona a una mujer trans? ¿Cómo fue aquella experiencia y qué te hizo sentir?
Sofía: La primera que vi fue a Flor de la V, que es una celebridad de nuestra televisión, pero en la vida real formé parte de la transición de una amiga, y me impactó. Quedé totalmente impresionada con lo que pasan con la hormonización, los cambios; fue muy shockeante.
Monika: Tu regreso a la actuación llegó con Un gallo para Esculapio, después de varios años alejada de la profesión. ¿Volver a un set después de tu transición se sintió como regresar a algo que habías perdido o como comenzar una carrera completamente diferente?
Sofía: En realidad, esa pequeña aparición en Un gallo para Esculapio, que fue mínima, fue lo primero que hice en el mundo audiovisual; antes yo solo había hecho teatro. Eso fue lo que después me abrió la puerta a El Marginal, y sí, cambió totalmente. Todo comenzó a fluir para bien laboralmente.
Monika: Has interpretado personajes trans en producciones como El Marginal y Pequeña Victoria. ¿Cómo decides si un determinado personaje trans aporta algo valioso a la representación?
Sofía: La realidad es que el trabajo artístico no es muy constante, y salvo que seas una estrella, no te queda mucho poder de decisión. A veces hay que trabajar igual, aunque no te guste mucho el rol.
 
“La Luli, en El Marginal, me abrió
muchas puertas.” Foto: @naturalarpajou
  
Monika: También has criticado la tendencia a representar a las mujeres trans principalmente a través de la prostitución, la sexualidad, la violencia o la tragedia. ¿Qué tipo de personajes trans te gustaría ver con más frecuencia en las pantallas argentinas?
Sofía: En lo personal, abrir el abanico y no ser solo una mujer trans. A mí me encantaría hacer de una mujer embarazada en sus últimos meses, actuar el parto; me parecería todo un gran desafío. 
Monika: Pequeña Victoria te puso en contacto con Susy Shock y Marlene Wayar. Susy Shock se convirtió en una figura importante en tu vida artística, y la has descrito como una especie de «mamá trava». ¿Qué te enseñó ella que no podrías haber aprendido en una escuela de actuación?
Sofía: Susy y Marlene son dos referentes enormes de nuestra comunidad, y lo que Susy vino, más que a enseñar, fue a reforzar en mi vida algo que también siempre me dijo mi mamá: que hay que luchar y enseñar desde el amor, desde el abrazo, desde el arte.
Monika: Tu personaje de La Sirena surgió de tu fascinación por Ariel, pero Susy Shock te animó a crear tu propia sirena. ¿Qué cambió cuando dejaste de pensar en Ariel y empezaste a imaginar la tuya?
Sofía: Creo que más allá de Ariel o de Magenta, el mensaje es el mismo: ir por aquello que anhelás, a sabiendas de las consecuencias, pero ir por ello.
 
FIN DE LA PARTE 1

 
Todas las fotos: cortesía de Sofía Diéguez.
© 2026 - Monika Kowalska


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